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lunes, 24 de septiembre de 2012

Capítulo 7: Cuervos Blancos




Capítulo 7: Cuervos Blancos

Larissa respiró de manera inquieta, sus dedos entumecidos aún no soltaban el volante de su automóvil clásico. Se quedó callada otros dos minutos, sintiendo el modo en que Jerom la contemplaba fijamente, con mesura, como si intuyera lo que ella había tratado de hacer. Bufó, recordando la marea de palabras que habían intercambiado esa noche, recordando ese instante en el que Jerom le gritaba que escapara.
–Me llamaste tonta –Larissa expuso con rabia y displicencia, sin siquiera mirarlo.
¿Qué? Se preguntó el chico dentro de su cabeza. ¿Acaso eres tonta? Recordó con malicia las palabras que le había escupido con desdén. Se largó a reír. Larissa abrió su boca, sorprendida por su atrevimiento. Después de llamarla tonta, ¿encima se reía?
–¿Qué? –él dijo con diversión–. ¿No puedes soportar la verdad?
Ella se volvió para mirarlo con el ceño fruncido.
–¡No es cierto, no soy tonta, tú lo eres!
Él se encogió de hombros.
–Como digas.
Ah, Larissa odiaba eso. Odiaba cuando las personas dejaban de discutir con ella y le daban la razón así sin más, porque sabía que en su mente no habían cambiado su forma de pensar. Jerom se estaría riendo a carcajadas en sus pensamientos, diciendo: "Eh, que tonta es esta chica".
Ella se giró en el asiento para darle la espalda, apoyó su cara sobre sus brazos encima de la puerta, que tenía la ventana abajo. Mientras tanto miraba su reflejo en el espejo retrovisor lateral.
–También eres fea –Jerom seguía balbuceando–. Y adicta a la morfina. Oh, gruñona de vez en cuando. Y esa forma en la que gritas, me pone los pelos de punta. Ah, casi lo olvido, tu ropa siempre está rota, deberías buscarte a un buen sastre. Y cuando frunces el ceño, luces como una bruja.
Larissa volvió a separar los labios, dejó de fruncir el ceño de inmediato y pasó sus dedos por encima de su frente, para alisar cualquier arruga que pudiera quedar de su gesto de disgusto.
–Gracias, tú también eres lindo –masculló ella con un sarcasmo desalentado.
–Lo sé, siempre me dicen que te tengo un atractivo sexual comparado con el de un dios griego.
Ella se giró hacia él, sin poder creer ese ego tan impresionante. Estaba a punto de echarse a reír.
–Sí, claro –se burló, cruzándose de brazos.
–De verdad –la voz de él se hizo un poco más aguda, como cuando uno protesta, sabiendo que no tiene la razón–. No lo estoy inventando, esas cosas me las dicen. ¿No has visto la televisión?
Larissa dejó de refutarle, no pensaba seguir hablándole. Jerom trató de continuar insistiendo en su belleza masculina y todo lo demás, hasta que se dio cuenta de que ella no estaba prestándole atención. Se hicieron minutos de profundo silencio.
Esta parte de la ciudad parecía muerta, incluso a Jerom, que era un vampiro, se le hacía difícil escuchar los sonidos de las personas vivas alrededor. No había ruidos de música, o puertas abriéndose en los departamentos, o voces saliendo de los altavoces de un televisor, ni siquiera perros ladrando. A duras penas oyó esos pájaros nocturnos que se burlaban con risas de la desgracia humana. Tuvo que esperar un largo rato para atreverse a decir las siguientes palabras:
–Larissa –la chica no se movió, seguía sin mirarlo–. Es mentira... no eres fea.
Finalmente, la humana puso sus ojos negros sobre el muchacho. Al notar que tenía su atención, él continuó.
–Bueno, no completamente –se retractó. Larissa iba a darse la vuelta, pero él le atrapó un brazo–. Me refiero a... tienes algunas cosas bonitas.
Ella cruzó los brazos sobre su pecho y enarcó esa bonita ceja marrón.
–¿Ah sí? ¿Cuáles?
–Tus labios, son bonitos.
–¿Qué más?
–El modo en que tus pestañas se esparcen sobre tus mejillas cuando cierras los ojos –luego de una pausa, siguió–. Esa pequeña nariz delicada, que se arruga cuando estás enojada –le atrapó la nariz entre sus nudillos–. También tienes un bonito cuerpo, no voy negarlo. Y... me gusta... esa forma en la que tu cara se sonroja sobre tu piel pálida. Incluso debajo del maquillaje y los moretones.
Eso sí que había dejado a Larissa sin habla. Cualquiera podría hablarle sobre cómo sus ojos brillaban igual que las estrellas, o como su sonrisa era más reluciente que el sol. Por supuesto, eran líneas que prácticamente estaban escritas. Todos los hombres utilizaban esa técnica estúpida de conquista, parafraseando poemas sin sentido, sin saber lo ridículos que se veían. En cambio, ¿Jerom se daba cuenta del modo en que sus pestañas le tocaban la cara cuando cerraba los ojos? ¿Le gustaba el fruncir de su nariz? ¿O acaso notaba de verdad el rubor natural que le cubría las mejillas?
Por instinto, Larissa se llevó las manos a la cara, como si de esa forma pudiera sentir el enrojecimiento de su rostro. Y de hecho, podía, sus mejillas estaban calientes debido a la sangre que se le subía a la cabeza.
–¿Qué pasa? ¿Vas a decirme que no te gusto? –él intervino con esa misma arrogancia en la que hablaba siempre. Sacudió la cabeza–. No, eso no es posible. Soy Jerom, soy extraordinariamente guapo y soy músico, no necesito más que eso.
–Claro que sí, necesitas una buena dosis de modestia.
Él se mostró atónito.
–Soy modesto –Larissa largó una carcajada–. ¿De qué te ríes? Es cierto. Estoy siendo solamente sincero y objetivo con respecto a mi apariencia, lo que dije es apenas una pequeña parte de lo maravilloso que soy. Si yo fuese presumido, te hablara de todos mis talentos, del modo en que puedo tocar música igual que una banda de angelitos con arpas y flautas. O como mínimo, te hablaría de lo bien que luzco desnudo. ¿Has visto estos músculos? –flexionó su brazo para enseñarle–. O podría decirte lo excelente que soy besando. ¿Sabes? Mi lengua tiene excelentes movimientos –Jerom tuvo un poco de lucidez en su discurso–. Por supuesto, eso ya lo sabes, tú me has besado. De modo que, no puedo ser tan poco atractivo para ti, ¿verdad? Te gusto, lo sé.
–¡Jerom! –Larissa comenzó a alzar la voz, él hizo muecas, porque odiaba oírla gritar. De pronto, algo la detuvo antes de continuar. Se calmó de un segundo a otro–. ¿Cuál es tu apellido? Ya sabes, es más fácil insultar cuando gritas el nombre completo de alguien.
Para su sorpresa, él le contestó. ¿La estaba invitando a insultarlo?
–Blade, Jerom Blade.
–¡Jerom Blade! –comenzó de nuevo a gritar, viéndose realmente rabiosa–. ¡No hay un atisbo de modestia en ti!
–Claro que sí.
–¿No lo entiendes? Decir que eres modesto, no es modesto –Larissa apretó los labios antes de seguir–. Además, el chico al que besé era todo un amor. Besos, halagos, galanterías, coqueteos seductores. No un cabrón arrogante.
Oh, cierto. Jerom pensó. Tenía que seguir la línea de chico tierno que su hermano había dejado entre los dos, o Larissa se volvería loca con sus cambios de personalidad. Ella le estaba dando la espalda una vez más.
–Larissa... –la llamó.
–¿Qué? –gruñó la mortal bruscamente.
Jerom le atrapó un brazo y tiró de este para hacerla girarse. Cuando lo logró, solamente se quedó muy quieto, contemplando aquellos ojos oscuros.
El corazón de Larissa iba de prisa, tanto que ella podía oír cada fuerte latido. Él estaba ahí, inclinándose poco a poco más cerca de su rostro. Sus ojos eran oscuros también, aunque mucho menos que los de ella, eran grises, un fuerte tono gris. Él tenía la cara de un ángel, de un ser celestial que solamente ha nacido para proteger. ¿Cómo podía ser tan engreído?
Sus labios, cuando se les ponía atención, eran un paraíso, carnosos, rosas, masculinos. El contacto de su mano sobre su brazo era absorbente, el aliento de menta que salía de su boca la envolvía en un cálido hechizo. Ese joven tenía algo que la embelesaba, seduciéndola, un encantamiento del que no se sentía capaz de escapar. Estaba atrapada mientras sus respiraciones se mezclaban. Se sentía íntimo el compartir el aliento con otra persona, el robarle cada exhalación de aire que expulsaba su boca.
Los dos tenían los labios entreabiertos, separados por unos escasos dos centímetros, esperando por el roce cálido que se proporcionarían al tocarse. Justo cuando él estaba dispuesto a hacer ese último movimiento que los uniría, Larissa empujó su pecho, colérica.
–Idiota.
–¿Qué te hice ahora?
–Eres un imbécil –le dio un puñetazo en el pecho–. ¿Crees que no me di cuenta de que estás jugando un sucio juego con tu hermano gemelo? Para que te enteres, ¡no soy tonta! –gritó tan fuerte que Jerom tuvo que cubrirse los oídos bajo sus manos–. Lo supe tan pronto apareció con esas bebidas, él es distinto. Su cabello es negro, muy negro, sus ropas tenían otro color, ¿cuán estúpida me crees? Sus ojos son claros, azul nocturno.
Jerom puso los ojos en blanco.
–Ese color no existe.
–Bien, lo inventé. Aun así, ¿qué seguiría después? ¿Tendríamos un trío? –él se rió de manera astuta–. ¿Te causa risa? Es porque es cierto, ¿no?
–Estás loca, Larissa.
–Sí, muy lindo, yo estoy loca. ¡Ustedes son dos pervertidos!
Un estrepitoso ruido atestó el ambiente, el gruñido de un motor. A Larissa le pareció ver un destello verde que ofuscó sus ojos, el verde eléctrico de una motocicleta con un gran faro adelante. Encima había un muchacho vestido como el invierno. Largo abrigo blanco, ondeando al viento igual que una capa, pantalones blancos, ajustados, camiseta blanca, entallada por supuesto, adherida a todos sus músculos abdominales. Tres accesorios en negro hacían juego con su vestimenta: un par de guantes, sus elegantes zapatos y una máscara. Sin mencionar el cabello color obsidiana.
La motocicleta se detuvo frente al auto de Larissa, a unos pocos centímetros. Nike saltó al suelo con elegancia y se quitó la máscara.
–Estaba pensando –dijo–, que si vamos a hacer un trío, al menos debo estar presente, ¿no?
Ver a estos dos juntos causó un poco de impresión en Larissa, una parte de ella realmente esperaba haberse imaginado al segundo Jerom. Es decir, estaba consumiendo potentes analgésicos y otras drogas, podía haber estado alucinando.
Pero no. En realidad habían dos hombres tan sexis y apuestos en un mismo trozo de tierra.
¡Cielos! Gracias al que se molestó en hacerle una réplica. Decía ella en el interior de su mente.
Estupefacta, volteó el rostro para mirar de nuevo a Jerom, el original, sentado a su lado. Y luego, regresó la mirada hacia el segundo Jerom, el de la motocicleta, que le estaba obsequiando una sonrisa tierna.
Señaló con un dedo al chico de la moto.
–¡Tú! ¡Tú eres el otro Jerom!
Nike rodeó su automóvil, caminando despreocupadamente, y se recostó en la puerta del conductor, inclinándose intencionalmente para estar cerca de ella.
–Nike, soy Nike en realidad –le cogió una mano y la besó con sutileza–. Estoy enteramente encantado de conocer a una bella dama como lo eres tú.
–Calla, gemelito –gruñó ella.
–Ni siquiera somos gemelos –farfulló Jerom.
–¿No lo son? ¿Entonces qué, los clonaron genéticamente?
–Somos trillizos –le dijo Nike al oído.
–¿Trillizos? Maldita sea, ¿hay tres de ustedes? Eso significa... Espera, ¿eso significa que tres de ustedes han estado jugando conmigo?
–No creo que a Joey le gustes tanto como para hacer un trío –Jerom se burló de forma traviesa.
–Joey, ¿eh? –Larissa discurrió en un tono calculador–. ¿Es gay? ¿Por qué es que no le gusto?
Jerom y Nike intercambiaron una mirada.
–No le gustas... –inició Nike.
–Porque no es gay –finalizó Jerom.
–Es una chica –dijeron los dos al mismo tiempo, extendiendo sus puños para golpearlos justo delante de Larissa.
Ella recordó ese momento cuando fue capturada por la policía, aquel día que Jerom cerró un puño para que ella lo chocara, después le explicó que tenía que ver con su hermano. A esto se refería.
–Bueno, eso es un alivio –suspiró–. Tampoco siento esa clase de simpatía por las chicas.
–Oh, rayos –soltó Nike con los dientes apretados–. Hubiera sido divertido.
Los dos chicos soltaron risitas, Nike enmudeció, endureciendo su semblante luego de un minuto para mirar fijamente a su hermano.
–Tengo un asunto pendiente contigo, Blade –entrecerró los ojos al mirarlo–. Anda, sal de ahí.
Jerom bajó del auto; por alguna razón, Larissa también. El joven de cabello castaño se irguió y se arremangó la camiseta.
–¿Qué pasa, hermano?
–¿Todavía lo preguntas? Estuviste a punto de besar a mi chica. Si no me equivoco, te escuché decir: "Completamente, no me gusta Larissa, es mi amiga, blah, blah, blah" –Nike imitó una boca hablando con su mano.
Jerom levantó los hombros como si eso pudiera excusarlo.
–No estaba mintiendo, bro. Además, tú robaste mi identidad. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Decirle que soy bipolar? O, mejor, decirle que soy tú. De ese modo habría sido menos confuso.
Su hermano le dio una mirada detractora.
–¿No estabas mintiendo? Entonces, ¿qué fue toda esa porquería de: "Oh, Larissa, tus labios, tus pestañas, tu cuerpo"? Noté el modo en que la mirabas.
Otro encogimiento de hombros por parte de Jerom.
–Trataba de actuar como tú, solo eso.
Sin saber por qué, Larissa se sintió herida, furiosa.
–¿Saben? Sigo aquí.
Los dos muchachos reposaron los ojos en ella durante un segundo para después ignorarla como si jamás hubiese emitido una palabra. Se aproximaron el uno al otro, lanzándose miradas desafiantes, caminando con zancadas lentas, movimientos enteramente amenazantes y masculinos.
En un momento estaban caminando, al siguiente, se encontraban tan cerca que sus perfiladas narices se rozaban. Si no fuese por el fuego en sus miradas, Larissa habría creído que iban a besarse, algo le recorrió el pecho, un caluroso escalofrío interno que hizo arder su piel. Pensaba que eso era sexy, no pudo evitar morderse los labios, hasta que recordó que ambos estaban a punto de golpearse. Claro que verlos pelear sería interesante también, observar cada movimiento en sus cuerpos, la flexión de sus músculos. Pero, diablos, estaba nerviosa de que fueran a desfigurar esos bonitos rostros de ángeles.
Un segundo antes de que se arrojaran encima del otro, los dos se detuvieron e inspeccionaron sus manos, donde sus anillos exactamente idénticos estaban expulsando chispazos de luz. Una canción de rock comenzó a sonar desde alguna parte, Max Harrison era la voz que cantaba. Nike se ruborizó y sonrió, una sonrisa sublime y celestial, coqueta.
–Lo siento –metió la mano en los bolsillos internos de su sobretodo y sacó uno de esos teléfonos celulares modernos. Cuando oprimió el botón, una pequeña imagen holográfica se proyectó en el aire. Era una chica con largo cabello marrón y una máscara negra igual a la de Nike–. ¿Qué hay de nuevo, Mica?
–Nike, el libro... –empezó a decirle–. El libro muestra el nombre de tu hermano en este momento, en color rojo.
–¿Cuál hermano? –Nike estudió cuidadosamente a Jerom.
–Anker.
–¿Por quién está siendo atacado?
–La esfera muestra a uno de los nuestros, solo que no puedo reconocerlo, está enmascarado.
–¿En dónde están?
–Ese es el problema, creemos que están aquí, en alguna parte del castillo de Zukunft. No estamos seguros de la ubicación exacta, las imágenes que muestra la esfera de cristal parecen ciertamente difusas.
–Hace un momento estaba en Los Suburbios con nosotros. ¿Cómo es qué... –Nike se detuvo para mirar su anillo cambiar de color una y otra vez, provocando ardor en su mano derecha–. Como sea, estaré ahí en un segundo.
La imagen de Mica desapareció.
El vampiro registró sus bolsillos y alcanzó algún tipo de naipe rectangular, el cual tenía en su dorso la figura de alguna especie de ave similar a un cuervo, pero blanco. En la parte interna tenía un dibujo de un tribal que se asemejaba a un par de alas.
Nike sostuvo la carta en lo alto, como si tratara de ocultar la iluminación de la luna detrás de esta. La soltó.
El naipe, en lugar de caer igual que una pluma hacia el suelo, se quedó ahí, flotando en medio del aire por encima de sus cabezas. Nike se quitó el sobretodo, lo arrojó a sus pies, lo pateó y empezó a levantar el borde de su camiseta para quitársela.
La boca de Larissa se abrió lentamente. ¿Qué mierda estaba sucediendo?
Primero, un naipe volador. Luego, un chico stripper. ¿Iba a desnudarse? ¿Frente a ella? ¿Hablaba en serio con lo del trío? Se obligó a cerrar la boca, cubriéndosela bajo sus dos manos.
Unas palabras apresuradas salieron de la boca de Nike en un murmullo alto, sin embargo, ella no logró comprenderlas. Le pareció que era una lengua extranjera, una que nunca había oído, pero que sonaba similar al italiano entremezclado con griego.
Ella comenzó a ver esos deliciosos huesos de las caderas de Nike, el vientre plano, el inicio de su duro abdomen, que a pesar de ser delgado, tenía definido cada perfecto músculo. Su piel era más pálida en esa zona donde sus pantalones caían, mostrando la marca de sus boxers Calvin Klein. Sus pectorales, bíceps, tríceps, hombros, estaban esculpidos de manera artística. Las manos de Larissa estaban ansiosas e impacientes por poner sus dedos en esa lisa piel desnuda.
El naipe que estaba en medio del aire, delante de Nike, comenzó a moverse de forma escurridiza, doblándose igual que una pequeña alfombra voladora, moviéndose de un lugar a otro como una mariposa. Hasta que encontró la parte alta de la espalda de Nike y se adhirió a su piel descubierta durante al menos un minuto. El muchacho volvió a repetir las palabras en aquel exótico idioma, que sonaba sensual en sus labios, y la carta regresó a su mano, salvo que, la cara interna de la misma se hallaba vacía ahora, la figura de las alas se había ido, dejando solamente la cara externa con aquella imagen del cuervo blanco.
Cuando el vampiro se dio la vuelta, Larissa fue capaz de ver que había algo tatuado entre sus omóplatos. Un tribal. Las alas, las mismas que habían estado antes en la carta se habían traspasado de alguna manera a su piel.
Y, de un instante a otro, Nike estaba volando, tal como esos ilusionistas que transmiten por televisión, tal como si tuviese un extraño poder de levitación. El tatuaje en su espalda tenía un resplandor que variaba en tonos dorados, plata, bronce y negro, y, entre un parpadeo y el siguiente, parecía moverse sigilosamente.
Joder, estoy en un puto sueño, pensó Larissa para sí misma. Cuando creía que las cosas no podían estar más locas, Nike le sonrió, mostrándole un par de colmillos tajantes, puntiagudos y asesinos.
–¡Lo sabía! ¡Tienen colmillos! –vociferó ella.
Repentinamente, una serie de imágenes le invadieron la memoria, fotografías veloces franquearon su mente. Se llevó las manos al cuello, recordando ese instante en que fue mordida por Jerom y Nike. Todo volvió a ella, el extraño castillo de piedra donde los halló, el torso desnudo de Jerom, con un tatuaje en su pectoral de una flor con colmillos, el disparo que había recibido Anker en la espalda. Anker, por supuesto, el chico rubio que creían que había sido adoptado, el tercer hermano del que hablaba la chica en el teléfono celular. Por último, recordó el beso que le había robado a Nike, el primer beso.
Vampiros.
Todos estos chicos eran vampiros que pertenecían a una extraña sociedad de guerreros, encargados de proteger a los humanos a cambio de una mordida en el cuello. A eso se refería Robert, ¿no? Sí, por eso estaban tan interesados en ella, querían su sangre. Solo eso.
Antes de poder seguir pensando, Larissa escuchó ese familiar sonido que alertaba peligro. El sonido del viento agitándose debido a decenas de pares de alas removiendo el aire. Vanthes. Gritó cuando algo la atrapó del cuello, garras se clavaron muy profundamente en su piel, ahogándola.
–¡Larissa! –escuchó vociferar a Jerom, quien se subió corriendo a su automóvil y saltó desde la cubierta para atrapar a la bestia antes de que esta saliera volando.
El muchacho se colgó del cuello del monstruo azul, estrangulándolo con sus brazos al mismo tiempo. El Vanthe agitó sus alas y emprendió vuelo mientras desgarraba el cuello de Larissa y era ahorcado por Jerom, quien a su vez rebuscaba en su ropa un arma para usar. Después de encontrar una de sus largas dagas delgadas, la enterró en el cuello del Vanthe. Este no fue capaz de mantener el vuelo, soltó a Larissa y los tres fueron directo al suelo.
Nike atrapó a Larissa antes de caer, Jerom rodó por el piso y el Vanthe se revolcó en el asfalto, manchándolo con ese líquido oscuro que era su sangre. Aturdido, Jerom logró ponerse de rodillas y levantarse con torpeza, su hermano le entregó a la humana, poniéndola con delicadeza en sus brazos.
–Hay más de ellos –Nike jadeó–. Quédate con Larissa, yo iré por Anker.
–Nike –le llamó Jerom cuando estaba dando la vuelta–. No dejes que nada le pase –se refería a Anker.
Nike reposó una mano en el hombro de su hermano.
–Lo mismo digo –farfulló, señalando con su barbilla a Larissa antes de elevarse por los aires y marcharse.
Larissa lloró en los brazos de Jerom, sacudiéndose.
–¡Suéltame, vampiro!
La sangre de ella estaba brotando desde las desgarraduras de su garganta. Él la miró, sus ojos caían sobre su cuello, los cuales parecían remotos mientras ladeaba ligeramente la cabeza y se lamía los labios. Un escalofrío se escurrió por la columna vertebral de Larissa, su pecho estaba subiendo y bajando a un ritmo inestable, su corazón latía tan rápido que su tórax tenía una extraña vibración.
Jerom se movió, la obligó a sentarse en la motocicleta de su hermano y la sostuvo cuidadosamente antes de poner una mano muy cerca de sus pechos, justo encima de sus costillas. En lugar de relajarse, el corazón de ella triplicó su velocidad. Sentir los dedos de ese vampiro presionando ligeramente su piel a través de su camisa, le quitó el aliento del cuerpo.
–Larissa, cálmate –él indicó con suavidad–. Tus latidos van tan rápido como los de una persona que está cerca de morir. Debes respirar, o tu corazón podría paralizarse.
Él lo sabía bien, estaba acostumbrado a sentir el ritmo cardiaco de esas personas a las que mordía. Siempre se obligaba a detenerse cuando las palpitaciones en sus venas se volvían apresuradas, porque eso significaba que su corazón estaba batallando para mantenerse funcionando.
La chica estaba hipando sollozos, su cara era un reguero de maquillaje derretido por sus lágrimas, los moretones en su piel estaban comenzando a estar más visibles. Ella solo deseaba salir corriendo, lejos de los Vanthes, lejos de los vampiros.
¿No podía simplemente tener una noche tranquila? ¿No podía cerrar los ojos y acurrucarse en los asientos de su auto? ¿No podía sentarse en alguna calle silenciosa a fumar un cigarrillo con su mejor amiga?
No. No podía mientras fuera luna llena y existieran los Vanthes. Asustada, saltó de la motocicleta y se echó a correr, solo para tropezar nuevamente con Jerom, que se las había arreglado para aparecer justo delante de ella.
–¡Trato de protegerte, Larissa! –le gritó, atrapándola en sus brazos.
–¡Mentiroso! –ella aclamó entre lloriqueos–. ¡Luego querrás mi sangre, al igual que ellos, eres otro monstruo!
Él la miró con reproche.
–Te lo prometo, no voy a morderte otra vez.
Un agudo chillido tomó forma en los oídos de Larissa, un infernal sonido demoniaco. Eran más bestias haciendo sus endemoniados ruidos. De repente, Jerom no estaba de pie grácilmente frente a ella, sino en el suelo, atrapado entre las garras de tres Vanthes. El vampiro se sacudía, mostrando sus colmillos igual que un feroz animal herido. Ella dejó que un grito ahogado se escapara de sus labios, su cuerpo entero estaba temblando de miedo. Todo parecía una pesadilla, de esas en las que solamente quieres despertar y que todo desaparezca.
Sin saber lo que hacía, se abalanzó sobre una de las bestias azules, se colgó en su cuello y empezó a rasguñarle la cara con sus uñas, surcando grandes aberturas en esa piel pálida igual que el hielo. No era como si eso fuera a hacerle un verdadero daño, no obstante, era una distracción.
Mientras uno de los Vanthes estuviera ocupado con ella, Jerom podría ser capaz de mover la mano en la que sujetaba su daga. Él lo hizo, enterrándola en el centro del pecho de uno de sus atacantes. Al último de ellos lo pateó para mantenerlo lejos, pero era muy evidente que necesitaría un poco de ayuda, había sido gravemente herido con garras, colmillos y hasta armas blancas.
Larissa lo vio sacando algo de los bolsillos de sus pantalones, otra de esas tarjetas negras con un cuervo blanco en una de sus caras. Al fijarse bien, ella pudo notar que en la otra cara había un dibujo distinto al de las alas de Nike. Esta tenía fuego, llamas plateadas que parecían vivas dentro de la imagen.
El Vanthe que estaba atrapando a Larissa aprovechó que se encontraba distraída para lanzarla por los aires. Ella gritó y fue enviada hacia lo lejos.
Jerom apretó los dientes al oírla, pero no hizo otra cosa que continuar concentrado en esa carta extraña. La puso contra la palma de su mano, con las llamas tocando su piel, sus labios pronunciando esas raras palabras extranjeras que antes había balbuceado su gemelo.
Larissa se arrastró por el pavimento, aturdida, tenía serias magulladuras y contusiones en cada parte de su cuerpo, rasgaduras sangrantes en su piel. Jadeó. Súbitamente, algo le aplastó la cabeza, golpeándola tan fuerte que pudo escuchar el sonido de su cráneo al rebotar contra el cemento y sintió la explosión de sangre caliente deslizándose sobre su rostro. Incapaz de seguir moviéndose, se dejó caer sobre su espalda y permaneció tendida en la superficie dura al tiempo que trataba de respirar.
El Vanthe que la había azotado se alzó sobre ella, sus colmillos largos estaban desplegados mientras se inclinaba más cerca de su cuerpo, la daga de Jerom estaba en su mano, dirigiéndose lentamente hacia su rostro.
Ella solo esperó, parpadeando perezosamente. Al abrir los ojos, vislumbró fogonazos de luz plateada-naranja, eran llamas envolviendo a la bestia, cuyos brazos se movieron en el aire para deshacerse de ellas al tiempo que emitía aullidos inhumanos. Los agujeros en su rostro parecían más vacíos que siempre cuando se paralizó, un instante antes de caerse hacia atrás, chamuscado por ese fuego mágico.
Sintió que alguien la arrastraba, sacándola del calor del fuego y manteniéndola lejos del cuerpo ardiente del ángel demoniaco. Una voz estaba dando vueltas en su cabeza, hablándole con urgencia, pero ella no logró comprender una maldita palabra, el sonido se alejaba.
–Larissa, ¿me oyes? –comprendió finalmente, era Jerom quien le estaba hablando.
Se forzó a mover la cabeza de arriba abajo, a pesar de que incluso este movimiento le causaba un tortuoso mareo e insufrible dolor. Escuchó un suspiro de alivio proveniente del vampiro.
–Vas a estar bien, ¿escuchaste? –le dijo.
Cuando abrió los ojos su visión iba y venía, tuvo que esforzarse para enfocar algo, tal como el lente de una cámara fotográfica con poca profundidad de campo. La imagen de las llamas resplandecía en la mano de Jerom igual que un tatuaje. El resto del panorama estaba borroso. Sus ojos captaron destellos iguales a fuegos artificiales, entonces se dio cuenta de lo que sucedía. Las manos del vampiro podían disparar fuego a todas partes, él solo dirigía su palma hacia donde sea que se encontraran los Vanthes y los convertía en barbacoa. Cuando no quería expulsar llamas, Jerom cerraba los puños fuertemente, aunque estos temblaban.
Larissa perdió la consciencia.

Nike se desplazó por las escaleras del castillo de Zukunft hacia abajo, estaba tan oscuro que era difícil para él distinguir cada cosa, inclusive con su visión vampírica. Escuchó el forcejeo de una batalla en el piso inferior y estuvo seguro de que su hermano menor se encontraba ahí, casi podía olfatearlo.
Saltó el resto de los peldaños de las escaleras y aterrizó con gracia en el suelo de linóleo de abajo. Todo tenía el color negro de las sombras, pudo divisar a Anker tumbado sobre una pila de trozos de madera, su traje manchado en sangre. Otro de los guerreros estaba ahí también, caminando como un depredador alrededor de su hermano, sosteniendo en lo alto dos cuchillos. Arrojó uno de ellos.
Nike voló a toda velocidad y atrapó el arma antes de que pudiera herir a Anker. El sujeto enmascarado, vestido de blanco, arrojó su segundo cuchillo, el cual se le enterró en el antebrazo cuando trató de atraparlo. El vampiro de cabello negro maldijo, extrayendo el cuchillo de su carne.
–Muévete o te mataré también –le advirtió el atacante.
Anker jadeó a sus espaldas.
–¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Quieres tener serios problemas con el Timeus? –gruñó Nike–. Déjame avisarte, que si vuelves a lastimar a mi hermanito menor –Anker soltó un resoplido irritado–, te haré lamentarlo, traicionero.
–Hey, amigo, te estás equivocando. No soy uno de los traicioneros –le respondió el joven–. Ataqué a ese niñita porque él me atacó primero.
Nike dejó que un poco de sorpresa cruzara su mirada, recompuso su semblante y frunció el ceño.
–¿Crees que puedes engañarme, amigo? –replicó–. ¿No es extraño que el nombre de Anker sea el que aparezca en el libro? Déjame recordarte: la víctima, en el libro, el atacante, en la esfera.
–¡Nike! –Anker exclamó, poniéndose de pie a toda prisa para empujarlo contra una pared antes de que fuera atravesado por una flecha mágica hechizada.
Sacudiendo la cabeza, Nike notó que había más vampiros en la estancia, escudriñándolo con ojos rojos. Anker aproximó su rostro más cerca y lo mantuvo inmóvil.
–De nada –murmuró por lo bajo con ese tono malvado que usualmente utilizaba en peleas.
Los vampiros ocultos en las penumbras comenzaron a mostrarse, uno a uno, apareciendo en trajes negros y máscaras blancas con picos encorvados en el lugar donde debería estar la curvatura para sus narices. Nike se dio cuenta, eran exactamente como esos cuervos blancos de su baraja de hechizos.
–Es verdad –la voz de uno de ellos emergió desde la oscuridad–. Él no es un traicionero. Nosotros sí.

9 comentarios:

carlita dijo...

Hola nueva lectora. Tu blog me lo ha recomendado WilmelizB (Susy).
La saga de The violet city me esta gustando. Espero pronto llegar a esta.

Anónimo dijo...

Hola vaya me gustaria leer ya esta novela, pero todavia voy por el hotel nightmere. Tu blog me lo recomendo WilmelizB (Susy) esa loca tonta no se equivocaba con lo estupendo que es el blog.

Ileyme dijo...

Tu querido blog me lo recomendo una amiga WilmelizB (Susy). Comenze a leer tus novelas anteriores y me gustan. Felicidades,

Celeste dijo...

Vaya veo que mis compañeras decidieron comentar aquí. Ok este blog me lo recomendó WilmelizB (susy). Ya he leído todas las novelas. he estado toda la semana leyendo. Me ha encantado tus novelas susy no se equivocaba

Anónimo dijo...

Siguela siguela siguela siguela

Anónimo dijo...

Tus novelas son estupendas nunca lo olvides

Anónimo dijo...

Buenas este blog me lo recomendo Wilmeliz (Susy). Por lo que he leido de tus novelas me estan gustando. Se me hacen muy divertidas he interesantes.

la de arriba dijo...

Lo siento soy la chica de arriba quise escribir WilmelizB (susy).

546465645645498747964 dijo...

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