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lunes, 7 de enero de 2013

Capítulo 20: Besando Muero




Capítulo 20: Besando Muero

Oscuridad.
Eso era todo lo que había.
Y dolor.
La confusión apresaba a Larissa. ¿Acaso habré muerto? Pensaba con agonía. No sabía, de todos modos, de qué manera podía estar viva soportando tanto dolor.
¿Dónde estaba él? Jerom. ¿Por qué no podía sentir su calor o sus brazos sujetándola?
–Jerom –las palabras salieron susurradas de su boca como un desgarrado sonido. En realidad era un logro que hubiese podido decirlas, estaba segura de que el balbuceo se quedaría atorado en su garganta, si no en sus pensamientos.
El escuchar su propia voz le proporcionó una sensación inexplicable. Casi estaba segura de que estaba viva. Pero ¿y Jerom? De alguna forma podía sentirlo, percibir su presencia. Tenía que estar ahí.
Sin embargo, ¿por qué no hablaba? ¿Por qué no la tocaba? ¡Dios Santo! ¿Estaría muerto?
–¿Dónde estás, Jerom? –continuó entre sollozos–. No me dejes sola, te lo suplico, te necesito. Todo está muy oscuro y frío aquí. Jerom, háblame, regresa, por favor –lloró desconsoladamente durante unos minutos–. Puedo sentirte, mas no puedo tocarte. Nunca había sentido una angustia peor. No puedo verte, nunca podré. Jerom...
Transcurrieron numerosos minutos en los que ella solamente lloraba susurrando su nombre. Tortuosos minutos de dolor. Hasta que, de pronto...
–Ni siquiera lo intenté –lo escuchó decir en la distancia–. ¡Maldita sea, ni siquiera lo intenté!
El corazón de Larissa dio un vuelco al oír su voz. Con desespero, se arrastró hacia la oscuridad para seguirla.
–¿Dónde estás, Jerom? Dime, te lo ruego.
–Soy un maldito inútil –siguió ultrajándose, su voz temblaba de ira–. Dejé que te convirtieran en un hada sin alas, permití que te lastimaran. No hice nada para detenerlo, me quedé aquí. Y ahora eres... un Vanthe.
Él estaba llorando, con la cara encendida por el odio que se tenía a sí mismo. Larissa pudo percatarse de esa vibración en su voz y necesitaba con urgencia abrazarlo, consolarlo... si se lo permitía.
Ahora eres... un Vanthe.
Sus palabras zumbaron en su mente, repercutiendo en su corazón, hiriéndola como afiladas dagas. Era una de esas bestias, se había convertido en su peor enemigo. Su pecho saltó cuando, a tientas, consiguió tocar la muñeca encadenada de Jerom. Había un líquido tibio humedeciendo sus trepidantes manos.
–No lo intenté, no hice nada –prosiguió el muchacho.
–Lo hiciste, sí lo hiciste. Tus manos están heridas, lo intentaste –dijo Larissa de forma ahogada antes de rodearlo en sus brazos con las escasas fuerzas que le quedaban–. Te lo suplico, Jerom, abrázame.
Él se negaba. No merecía esa dicha.
–¡No te merezco, Larissa, te lastimé!
–No lo hiciste.
–Larissa...
–Por favor, no me dejes sola, no me dejes caer.
Una imagen cruzó los recuerdos de Jerom. La templada noche en la que había sido envenenado, Larissa lo sostenía en sus brazos mientras él le rogaba que no lo dejara caer.
Después de suspirar, la estrechó cerca de su cuerpo. No se merecía la alegría que le proporcionaba sujetarla contra su pecho, o el olor de su cabellera, o el choque de su respiración entrecortada contra su cuello.
–Te tengo, Larissa, te tengo –le susurró al oído de la misma manera que una vez lo hizo ella por él.
–Ya no me amas, ¿verdad? –se lamentaba la chica–. ¡Soy un Vanthe, Jerom! No me seguirás queriendo...
–Te seguiré amando siempre, por el resto de mis vidas. No me importa si eres mortal, hada, o Vanthe. Te amo, ¿me escuchas?
Ella movió la cabeza de arriba a abajo. Su mayor temor era el perderlo, el perder su amor, el que quisiera alejarse de su lado. El no poder verlo.
–Se siente horrible no poder mirar tus ojos, saber que jamás volveré a verte sonreír.
–Perdóname, por favor. Yo jamás podré perdonarme el daño que te he hecho.
–No has sido tú...
–No puedo más, Larissa, no puedo con todo esto –sus lágrimas la estaban mojando–. No pude proteger a la humanidad y tampoco pude protegerte a ti. No puedo hacer nada bien, siento todo este peso sobre mis hombros y creo que no podré seguir soportándolo.
Mi culpa. Pensó Larissa. Él estaba cargando una pesada cruz que no le pertenecía debido a ella. Sabía lo que tenía que hacer para acabar con todo su sufrimiento. Debía destruir al árbol.
Lo haría.
De cualquier forma, ella tampoco se sentía con ganas de continuar, su propia cruz la había dejado mal herida, sus piernas no se sentían dispuestas a permanecer dando pasos. Todo estaba perdido. No había luz al final del túnel para Larissa, simplemente negrura.
–Tienes que perdonarme tú a mí –musitó–. Perdóname por acabar con tus esperanzas, por acabar con tus nobles ideales, por destruir tu voluntad de esta manera. Sabía que al final terminaría lastimándote, lo sabía. Nunca quise que salieras herido, tienes que creerme. Te amo, te amo más que a mi vida. Y no quiero hacerte sufrir más, no puedo vivir con eso.
Jerom se llenó de arrebato, sabía lo que esas palabras significaban.
–¡No voy a permitirte...!
–Shh –Larissa lo hizo callar con un delicado beso en los labios–. Silencio, no tienes que hablar más.
Los dos se quedaron callados, llorando, compartiendo las cálidas lágrimas saladas. Se habían rendido. Larissa recostó la cabeza en su hombro, deseando que todo se acabara pronto, deseando quedarse así, con Jerom, hasta el fin de los tiempos.
–Por favor, que esta pesadilla se termine –rezaba para sí misma en voz baja–. Dios, ¿a dónde te has ido?
Así es cómo dos personas pierden su fe, sus esperanzas. Cuando no existe camino alguno que tomar, ni un sendero menos peligroso que el otro. Cuando estás atrapado, sin salida. El mundo se estaba derrumbando a su alrededor, dejándolos enterrados al fondo de los escombros.
–¿Hermano? –exhaló alguien sin aliento.
Jerom levantó la mirada para observar a Nike. El alivio lo recorrió. Al menos su hermano estaba bien. O, quizá no bien, pero al menos con vida. El chico tenía el cabello empapado en sangre, al igual que su vestuario, salpicado en tinte rojo. No se veía herido, sin embargo, parecía alterado, desorientado, su respiración se escuchaba ruidosamente agitada.
Nike se tumbó de rodillas junto a ambos.
–Hermano –repitió antes de abrazarlo fuertemente–. Hermanito, pensé que te había perdido. Hay... tanta gente muriendo. No... no lo aguanto más.
–¡Nike! –chilló Larissa con emoción. No pudo contener el impulso de darle un abrazo.
–Larissa –soltó el muchacho con dificultad antes de regresar con su gemelo–. Estaba tan asustado... ¡Demonios, Jerom, tus manos...!
Las manos de Jerom goteaban sangre hasta las puntas de sus dedos, eran como guantes de color escarlata. La piel de sus muñecas, y alrededor, estaba magullada, rugosa por las cicatrices de las quemaduras de la plata. Las cadenas estaban enterradas en su carne, tocando sus huesos.
–No puedes forzar las cadenas, te lastimarán.
Nike sonrió.
–¿Con quién crees que estás hablando?
Le mostró una de sus enguantadas manos, moviendo sus dedos al igual que un mago lo hace. Se arremangó la camisa hasta los codos y se quitó el guante. Cerró su puño de inmediato, debido a que luminosos relámpagos de plata se desprendían de su palma.
Fuego.
Tenía puesto el hechizo de las llamas.
Cuidadosamente, dejó que pequeños fogonazos se segregaran hasta las cadenas de plata. Tomó unos minutos, pero consiguió derretir el metal. Al liberarse, Jerom estrechó a Larissa en sus brazos para ayudarle a ponerse de pie. Tomó su fría mano, guiándola. Nike les miró recelosamente, de arriba abajo.
–Larissa... tus ojos... –balbuceó.
Ella se quedó rígida, muda.
–Vamos –terció Jerom–, debo ir a ver... al árbol rosa. Y, diablos, ya lo sé, ésa no es mi frase más masculina.
Nike se rió, aligerando la tensión en su cuerpo.
–Pienso que lo es, bro, nunca te has escuchado tan amenazante –se burló y empezó a dar zancadas hacia la noche. A mitad de camino, se giró para mirar Jerom–. No se lo digas a nadie, hermanito –comenzó a susurrar–, te extrañé...
Jerom le dio una mirada displicente.
–Deja de ponerte maricón.
Los tres corrieron entre las agitadas calles. Cada vez había menos personas, únicamente veían cuerpos alrededor, ríos de sangre. Cada vez se escuchaban menos estruendos de disparos o ataques, porque casi no había gente a la que matar.
No habían estado tan lejos del árbol, por lo tanto, llegaron hasta él en unos escasos minutos. Jerom se detuvo a contemplarlo. A pesar de que el arce había perdido gran parte de sus hojas, seguía con vida, su tronco rosáceo parecía estable, fuerte, el resto de sus hojas azules eran abundantes.
Incluso había un capullo de flor colgando preciosamente de una de las ramas, como si esperara impaciente para abrirse. Éste era de un matiz violeta oscuro, igual que un enorme botón. Parecía que podría ser la flor más hermosa del planeta, tal como su madre árbol era el más hermoso entre la naturaleza.
Jerom cogió la mano de Larissa para darle un dulce beso sobre su dorso.
–Larissa, me gustaría que pudieras ver esto. Hay... un capullo de flor colgando del árbol. Es... enorme, hermoso.
Simbolizaba algo de ilusión.
El hada se puso una temblorosa mano sobre los labios.
–Nunca había sucedido algo parecido... –sus ojos ciegos se pusieron húmedos y cristalinos–. Tienes que describírmelo. ¿De qué color es?
–Es violeta, como la luna llena sobre Somersault –murmuró el vampiro con una sonrisa alentadora.
Por instinto, ella arrastró lentamente una mano hacia su vientre mientras se quedaba petrificada ante este inesperado suceso. Estaba pasmada, con el rostro empapado en lágrimas. Un capullo de flor… una semilla que crecía… dentro de sí.
Nike se quitó nuevamente un guante y abrió su puño, arrojando una potente llamarada hacia el árbol rosa. Todo sucedió demasiado rápido. Cuando Jerom advirtió el fuego, el arce ya estaba consumiéndose por los restos de gasolina con los que había sido rociado.
–¡No! –largó un angustioso grito de desesperación–. ¡No, no, no!
Se volvió hacia Larissa para cogerla en sus brazos. Ella se retorcía de dolor, como si las llamas estuviesen dentro de sí. Su mirada en cambio se iba apagando, volviéndose negra, igual que cenizas. En su iris se reflejaba el fulgor de plata, naranja y azul que ocasionaba el fuego.
Ninguno de los dos pudo siquiera suspirarse un adiós, o decirse un último te amo. Tanto Larissa, como el árbol, desaparecieron, convirtiéndose en una especie de polvo mágico, el cual fue arrastrado por la brisa, mientras que otra parte permaneció sobre las manos de Jerom, abrillantando sus palmas con distintos tonos azules, turquesas, rosados y violetas.
Jerom cerró sus trepidantes puños antes ponerse de pie para enfrentar a su hermano gemelo con los ojos repletos de resentimiento.
–¡¿Cómo pudiste, malnacido?! –le gritó con ferocidad, la voz se le rasgaba. Seguidamente, le propinó un puñetazo que le rompió la nariz y lo envió al suelo–. ¡¿Qué has hecho, infeliz?! –lo alzó, cogiéndolo del cuello de la camisa para continuar golpeándolo.
La sangre comenzó a brotar desde la boca y nariz de Nike, un moretón apareció bajo su ojo, extendiéndose hacia su mejilla, sus hinchados labios tenían una terrible abertura.
No devolvió los golpes, solamente trataba de esquivarlos, aunque no pudiese, debido a que la rabia de Jerom era tan monumental que sería capaz de matarlo. Lo empujó con fuerza, logrando separarse al menos medio metro del irascible vampiro.
–¡Hice lo que tenía que hacer! –vociferó de vuelta–. ¡Hice lo correcto! ¡Era Larissa o la humanidad!
Los ojos de Jerom despidieron fuego.
–¡Me importa una mierda la humanidad! ¡Ellos me importan un carajo! ¡¿Cómo has podido hacerme esto?! ¡Te odio, maldito cabrón!
–¡Hermano...!
–¡No me llames así, no eres mi hermano!
–¡Era solo una chica!
Jerom volvió a abalanzarse sobre Nike, asestándole un golpe en el estómago con la rodilla. Este último se quedó sin aire en el cuerpo, se llevó las manos al estómago y se dobló de dolor.
–Jamás… –jadeó Jerom–, podré perdonarte esto.
–¿Cómo puedes... cómo puedes ser tan egoísta? –siseó Nike con esfuerzo–. ¡No has visto lo que yo vi! ¡Había niños cayendo! ¡Tanta gente inocente! Nunca había visto a tantas personas morir, tanta sangre, nunca había escuchado tanta gente dando alaridos dentro de mi cabeza. ¡Nunca voy a olvidar sus caras de horror, o los cuerpos destrozados sobre el pavimento! ¡Era el infierno, Jerom! ¡Estamos en el infierno!
Las palabras de Anker se repitieron en su cabeza. Les salvaremos del infierno.
–¿Por qué? ¡¿Por qué?! –se lamentó Jerom con las manos sobre su cabeza–. Mi vida no tiene sentido alguno sin ella.
De un momento a otro, los dos se quedaron quietos, mirándose fijamente. El sufrimiento en los ojos de Jerom hacía que Nike sintiera vivo dolor en su pecho. Los dos tenían los ojos empañados por las lágrimas, los dos respiraban por la boca con agitación, intentando recuperar el aliento.
Nike abrazó a Jerom.
–Perdóname, hermano. Tenía que hacerlo. Perdóname.

–¿Por qué me has elegido a mí? –preguntó Anker al formidable ángel de emplumadas alas negras que apareció ante él.
–Porque creí que tenías la fortaleza suficiente –le respondió este hombre.
El ángel tenía al menos tres metros de estatura, traía su musculoso torso desnudo y su cabello era negro, largo hasta sus hombros.
–Bien, ya lo sabes, no la tengo. ¡Déjame en paz, ¿sí?!
–Pensé que tu alma era noble, creí que querías salvar a la humanidad.
El muchacho rubio tenía una mirada desenfocada, repleta de locura. Bajo sus ojos había sombras, como si no hubiese dormido en numerosos días.
–¡Lo quería, y lo quiero, a cualquier precio! Lo he jurado ante ti. Pero no puedo seguir, no puedo soportarlo un minuto más. Ha sido suficiente, es demasiado para mí. ¡Lo he intentado, de verdad lo he hecho!
De este modo, Anker dejaba de parecer atemorizante, o sensual, para lucir igual que un niño arrepentido.
–Quisiste acabar con la humanidad –profirió el hombre con alas.
–Eso fue lo que me pediste.
El ángel movió lentamente la cabeza de un lado a otro.
–No, te pedí que acabaras con todo. Todo.

***

Si a alguien tuviera que dedicarle mis últimas palabras, ésa tendrías que ser tú, mi princesa Charity. La mujer a quien más he amado.
Quiero que sepas que si estás leyendo esto, significa que ya no estoy más en el mundo. Mas a tu a lado estaré siempre.

Esas fueron las primeras líneas que alcanzó a leer Charity con la vista borrosa debido a las lágrimas que atiborraban sus preciosos ojos azules. No podía creer lo que esas frases decían, no podía creerse que el destino fuese tan cruel como para arrebatarle todo lo que tenía en la vida.
Su hermano Dimitri, cuya muerte había traído como consecuencia el fallecimiento de Becca, puesto que sus almas estaban pactadas. Y ahora Jerry. Su precioso príncipe. El hombre a quien más había amado.
Corrió a través de la desolada academia, atestada de cadáveres, de sangre, de muerte. Buscó en cada habitación, en cada rincón, desesperada por hallarlo si no era demasiado tarde. A cada minuto volvía a rebuscar en la carta algún dato que le diera una pista de su ubicación. Sin embargo, sus manos temblaban tanto, y sus ojos estaban tan empañados, que le era imposible leer alguna cosa.
–¿Dónde estás, mi príncipe? –musitó, ahogándose en sollozos.
Su corazón estaba martillando de prisa, sus piernas fallaban mientras daba apresurados pasos, cruzando el jardín trasero de la academia, tropezando con las lápidas. El pánico la azotaba cuando pensaba en la posibilidad de que su príncipe estuviera bajo tierra, de que una de esas tumbas fuera la suya.
Incapaz de continuar, se derrumbó lentamente en el césped, sentándose contra una roca. Devolvió la mirada hacia la carta de su amado.

Ojalá puedas perdonarme por dejarte sola, no solamente ahora, sino todo este tiempo. Siempre pensé que era lo mejor. Tienes que saber que el sufrimiento que está atravesando el mundo, fue causado por mí, por una mala decisión que tomé en el pasado, la cual alteró el destino de todos.
Eustace dice que acabar conmigo no funcionará, que el daño ya se ha originado y no es reversible. No obstante, mi corazón alberga la esperanza de que todo mejore cuando no esté. De cualquier forma, no podría seguir viviendo con el peso de mi propia culpa.
Tan pronto como supe que los dioses me habían dejado completamente solo, vi la oportunidad perfecta para tomarme un veneno, cuya tóxica sustancia me hará dormir eternamente.
Necesitaba hacerlo.
Y lo siento. Lo siento mucho, princesa.
Sabes que jamás comprendí el mundo, sabes que no soy capaz de soportar el dolor de los demás, sabes que siempre me he preguntado por qué el color de tus ojos hace que mis piernas flaqueen.
Sabes que te extrañaré, por siempre.
Sabes que las palabras de mi padre todavía queman en mi interior, recordándome que no merezco tener nada que no pueda soportar perder. Es por eso que preferí no tenerte. Sin embargo, te perdí de todas formas, y sigue doliéndome. Me está matando.
Sabes bien que he visto pasar mi vida a través de mis ojos, como si fuera ajeno a mí mismo, como si no formara parte de esa película. Salvo cuando estoy contigo, la mujer que ha revivido cada parte de mi ser.
Sabes que te amo de una manera en la que nunca amé a nadie. De una manera en la que no podré volver a amar. Si naciera de nuevo, en otro cuerpo, con otro rostro, a miles de kilómetros lejos de ti, te seguiría amando, te seguiría perteneciendo.

La princesa tuvo que detenerse; el pesar, la amargura y el dolor la estaban haciendo desfallecer. No podía ser cierto. En alguna parte, su príncipe tendría que estar con vida. Quizás no se había atrevido a envenenarse, o quizás todavía no era tarde para salvarlo. Tal vez los dioses que lo cuidaban no lo habían dejado solo en realidad.
Tenía que estar vivo, tenía que estarlo.
A continuación, vio pasar una veloz sombra que se confundía con el boscoso jardín y la noche. Podía jurar que era una silueta femenina. Escuchó un llanto áspero, como el de una bestia, vislumbró fulminantes relámpagos escapándose de los arbustos.
Sus fuerzas eran escasas para ir a investigar, pero tuvo que hacerlo, la posibilidad de que fuera Massimilianus la estaba consumiendo. Halló a una criatura semidesnuda con piel verde, varios pares de alas coloridas, luminosas, ojos de obsidiana y asesina dentadura. Se trataba de Liptaura, encimada sobre un cuerpo muerto.
Tan pronto como Charity se acercó, la mujer verde le despidió un atroz gruñido. Por un momento la princesa pensó que estaba devorándose a un cadáver. No lo estaba.
La Doxy sencillamente intentaba protegerlo. Parecía estar llorando, los sonidos que salían de su garganta eran profundos, salvajes, pero sus lágrimas seguían siendo líquidas, delicadas al resbalar sobre sus mejillas.
Ella nunca había visto a Liptaura llorar. Esta mujer era una criatura sanguinaria que devoraba hombres. Pocas personas le importaban lo suficiente como para hacerla llorar. Una de ellas era Eustace. O, en su defecto, cualquier amigo cercano de Eustace.
Dios mío.
–¡Suéltalo, Liptaura! –sollozó Charity de forma histérica.
Liptaura sentía un profundo respeto hacia la princesa, solamente porque Eustace sentía gran adoración por ella. Se alejó del cadáver, aunque renuente.
A Charity se le cayó el alma a los pies.
Este cadáver era Jerry.
–No. No es verdad –susurró incrédula–. No es cierto –sollozó–. ¡No es cierto! –se dejó caer en el césped junto al cuerpo, sobre su pecho. Lo besó en los labios, como si eso pudiese hacerlo vivir–. ¿Por qué, mi príncipe? ¿Por qué me has dejado tan sola?

Sé que te he hecho daño, dulce princesa, por eso quiero pedirte una y mil veces que me perdones. Y deseo de todo corazón que puedas ser feliz. Confía en mí, algún día volveremos a estar juntos.
A veces me pregunto cómo es que la vida dejó de tener sentido así de fácil. ¿Cómo es que la tierra se convirtió en un infierno? ¿En qué momento la humanidad dejó de ser humana? Me estarás acusando de débil y cobarde, porque lo soy, porque no fui capaz continuar de pie en medio de la guerra, porque he bajado los brazos, porque he sacado mis banderas blancas.
Me conoces mejor que nadie, odio las guerras. Nunca pude entender por qué las personas prefieren vivir en esa constante lucha que, antes era por la supervivencia, ahora, se limita al placer de matar.
¿Por qué vivir en guerra cuando existe la paz?
He visto con horror el modo en que desapareció el amor y me pregunto: ¿a dónde se ha ido? ¿Acaso, al igual que yo, no pudo soportar tanta corrupción? He visto a las personas matar, con sonrisas de satisfacción en el rostro. Sin un gramo de arrepentimiento. ¿A dónde se fue su consciencia?
He escuchado en mi cabeza tantos gritos de auxilio, tanta gente rogando piedad. He sentido el miedo, la humillación, la miseria, la pena. Los inocentes sufren, mientras los sanguinarios triunfan. ¿Por qué nadie es capaz de corregirlo? ¿A dónde está la justicia?
He visto personas pagando por la dignidad de otras. He visto el fuego reflejado en mis ojos,  he visto al diablo reírse impiadosamente de mis pesares desde su trono de oro. Él, quien con su traje rojo, comete abusos atroces e injusticias. O envía a sus tropas de demonios a cortar cabezas. Ese que engaña, miente, manipula. El que te promete todo, a cambio de tu alma.
¿En dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Hasta dónde ha llegado el nivel de crueldad? ¿Acaso tiene límites? Porque parece nunca detenerse. Vivimos en la tierra de los bandidos, malhechores y asesinos.
¿Dónde está la magia? La única que he hallado, se encuentra en tu mirada, en tu sonrisa, en tu tacto, princesa.
He vivido muchos años, muchas épocas. Y recuerdo algún tiempo en el que las personas preferían estar muertas, antes que vivir infelices. Normalmente esa felicidad estaba relacionada con el amor, la pasión, la libertad. No con el poder, el dinero o la sangre.
Recuerdo a Eustace, utilizando sus anteojos de John Lennon, diciéndome: "Haz el amor y no la guerra". Recuerdo a Miranda Gauthier, en esta y en sus anteriores vidas, diciendo con verdadera emoción: "Paz, hermanos".
Eran esos tiempos en los que las palabras tenían significado.
Charity, sé fuerte, tú siempre has sido más fuerte que yo. Eres más radiante que el sol. Ojalá que nunca pierdas tu brillo. Porque eres de esas personas que no se encuentran en el mundo. Tan diferente a mí, tan delicada, tan sublime.
La verdad, nunca pensé que me enamoraría de ti. Porque jamás soñé con que tú pudieras fijarte en alguien como yo. Sabes que no te merezco.
Te diré, por tanto, las últimas palabras que le dedicó Romeo a Julieta. Sólo desearía, al igual que él, haberte besado una última vez.

«Amada Julieta, ¿por qué luces tan bella aún? ¿Debo creer que el fantasma de la muerte se halla apasionado y que el horrible, descarnado monstruo te guarda aquí, en las tinieblas, para hacerte su dama? Temeroso de que sea así, permaneceré a tu lado eternamente y jamás tornaré a retirarme de este palacio, de la densa noche. Aquí, aquí voy a estacionarme con los gusanos, tus actuales doncellas; sí, aquí voy a establecer mi eternal permanencia, a sacudir del yugo de las estrellas enemigas este cuerpo cansado de vivir.
–¡Echad la postrer mirada, ojos míos! ¡Brazos, estrechad la vez última! Y vosotros, ¡oh labios!, puertas de la respiración, sellad con un ósculo legítimo un perdurable pacto con la muerte monopolista –¡Ven, amargo conductor; ven, repugnante guía! ¡Piloto desesperado, lanza ahora de un golpe, contra las pedregosas rompientes, tu averiado, rendido bajel! ¡Por mi amor!
–Así, besando muero.»

Siempre tuyo,
Jerry

Char terminó de leer la carta, sin fuerzas, sin voluntad alguna. Rememoró las últimas palabras que le dedicó Julieta a Romeo.
¡Oh! ¡Avaro! ¡Tomárselo todo, sin dejar ni una gota amiga para ayudarme a ir tras él! Quiero besar tus labios; acaso exista aún en ellos un resto de veneno que me haga morir, sirviéndome de cordial –besó los labios de Massimilianus–. Tus labios están... calientes.
A Charity, al igual que a Julieta, se le ocurrió una idea espeluznante. Empuñó una de sus dagas en su mano derecha, dispuesta a acabar con su vida.
¡Oh, dichoso puñal! Ésta es tu vaina; enmohece en ella y déjame morir.

12 comentarios:

Susy dijo...

Estuvo estupendo este final. Ya deje mi comentario
En el epilogo pero aquí dejare uno corto
Esta novela estuvo fantástica me encanto y ten
Por seguro que nadie se cansa de leerte nunca lo dudes.

Paulina Martin dijo...

Oh Jerom, que todos pensaramos como el ♥

Anónimo dijo...

Primeramente dejare mi comentario para decir que me dejaste sin palabras...necesito procesarlo.
Cuando lo haga vendre a decir lo que tenia que decir pero que olvide cuando termine de leer.
Simplemente, sorprendida.

Gudi-Pop dijo...

Steph aun no se como es que piensas que tus lectoras se cansaran de leerte...¿Quien se negaria a leer historias sobre amor, accion, guerra, dolor, sufrimiento y sobre todo realidad? Realmente estos dias estuve ansiosa por poder leer ya el capitulo 20 por que la verdad pense "¿Que le pasa?! T.T esta matando a todos!!!" Y llore cada capitulo :C, con cada muerte, enserio, fue demasiado doloroso ver como los personajes dde los cuales estas enamorada mueren tan cruelmente o son asesinados.! Por ejemplo Larissa...realmente esa fue una escena muy cruda,pero realista, los humanos son asi hoy en dia. Respecto a Jerom, Nike, y Anker....me dejaste sin palabras, realmente caada uno en su problema, pero que Nike matara a Larissa, me sorprendio bastante, ataco por la espalda a Jerom, y Anker el niño bueno...no se, Steph aun no termino de procesarlo pero lo unico que puedo decir es que me dejaste sin palabras.
Respecto a Jerry, joder! casi muero cuando lei la carta, es tan malditamente cursi, dolorosa, y y real! no puedo creer que se suicido....tampoco lo soportaria, y no lo haria jamas, terminaria por hacer lo mismo asi que lo entiendo mas sige siendo doloroso. Lo que dice la carta es tan real como la vidamisma...Me ah gustado tanto que eh pensado en leerlo frente a muchas personas. Quisiera preguntarte si te molestaria que me basara en la carta de Jerry en escribir algo similar y leerlo en un centro comercial. Siento que es algo que todo el mundo debe de saber, de estar al tanto. Aun cuando eh pasado el link a miles de personas, no es lo mismo querer compartirlo, al menos no de esa manera.
volviendo al tema, este es un libro totalmente diferente tienes razon por que simplemente, te hace ver la realidad, te hace pensar, reflexionar, incluso tienes que volver a leerlo para podeer entenderlo y eso es lo que me encanta, que no es un libro absurdo de amor y tonterias, es un libro que realmente te hace desear ser mejor persana, que te hace ver que no todo lo que hay en este mundo es amor y amor, tambien hay dolor y incluso para los mas pequeños, pero aun asi aun que eso sea verdad nunca hay que rendirse por que simplemente es la vida y hay que seguir viviendola.
Espero con ansias tus proximos libros por que relmente jamas me perderia uno, aun espero el dia en ver y tener uno de tus libros en mis manos. Y se que podre hacerlo por que eres una gran escritora, con gran talento y con grande futuro. Que espero que si estos libros se llegan a publicar hagan aun que sea pensar tantito a las personas por que es algo que es real y es algo que se esta viviendo dia a dia. Sin mas que decir me despido esperando con ansias tu regreso (: Fue un placer acompañarte en este transcurso y espero seguir asiendolo si tu lo permites. Realmente eres la mejor ^^ mucha suerte y felices vacaciones!

Anónimo dijo...

No que que decir me a encantado el final. Siempre terminas sorprendiendonos.
No sabes como ha quedado mi cara despes de este final tengo que decir que escribes estupendo.

Anónimo dijo...

Sthep sigue asi
No sabes como estrañare a los gemelos y a Anker
Me quedebconnlabduda de Anker no se si murio o no.
Tambien tengo que decir que el el epilogo me encanto como todo el libro
Felicidade

Anónimo dijo...

Como estrañare a jerom y nike y anker y todos los personajes estoy loca por saber que pasa en alas rotas vi qye es de la sagavde violet city y eso me ha encantado masbigual que la portada

Anónimo dijo...

Ok como decir algo sin poner a llorar
El final me encanto
Me ha dejado muy nostalgica
Extrañare a cada uno de tus personajes .
La cerdad espero que no cierres el blog tus novelas merecen ser leidas.
Mira yo leo mchas novelas en wattpad deberias reconciderar no se subirlas ahi. Debes explorar esa pagina la recomiendo al cien porciento y estoy segura que te encantara.
Una novela tan buena como labtuya tendra exito
Te digo yo que cuandio una novela es buena muchos la leeran.
Consideralo quizas ahi tenga muchisimo mas exito
No dejes tus novelas para ti mucho dseamos seguir leyendote

FlooM1 dijo...

Steph, soy la peor lectora de todaaaaaas, merezco la orca...
okno.
Linda si ya tienes todo editado no te preocupes por mi déjalo todo tal cual está pero si no mi nombre es Florencia Sosa, suena como una presentación ._.
Pronto me pasaré, tengo muchas, muchas cosas que decirte y que repetirte.
Pero antes, Zukunft fue perfecta de principio a fin, hubieron momento en que la odie, si, porque soy una sentmiental que está enamoprada de cada uno de tus personajes y la idea de que sufran no me gusta en lo mas minimo sin embargo hubieron muchísimos otros en los que la amé por completo, y ahora que la novela terminó... Fue un gran trabajo Steph, te volviste a superar con cada capitulo, con cada personaje, con cada palabra.
Fue genial♥

LittleMonster dijo...

Steph no tienes idea de lo impresionante que se me hace que tengas tanta creatividad e imaginación!!!! estuvo la novela increíble!!!!
Y NO ME CANSO DE LEERTE!!!
adivina que hacia mientras esperaba por el ultimo capitulo! LEÍA UNA NOVELA TUYA!!!! jajajaja volví a leer Tu yo y el. Porque te extrañaba leer!!!
No me canso de los libros de Stephany Owen!!!!!
Solo aun tengo una duda.... QUE PASO CON JOSEPHINE Y AITA!!!???
DESAPARECIERON DEL MAPAA!!!
No se cuando volveré a saber de ellos T.T
Pero bueno estaré ansiosa por saber lo que sigue en lo próximo que subas al blog!!!!
Estuvo todo genial y me imagino que como el dios de la paz ya tiene su paz ya todo estará bien!!! Si??
jejeje sigue asi!!!

Anónimo dijo...

Dios me he quedado con la boca abierta
Este libro sin duda ha sido fantástico leerlo.
Amo a Jerry y me alegro que haya dejado un mensaje en el blog.
El es especial y ni Eustace y Aita quitaran su lugar.
Aunque una entrevista a Aita seria interesante.
Bueno una pregunta para la entrevista a Eustace
¿Porque el es tan orgulloso?
Bueno espero poder leer tus próximas noticias

sofy dijo...

Que final tan magnifico
amo tus novelas y nunca me cansare de leerlas.
tu escribes wow estupendo

VISITAS

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